Por 20 días se puede extender plaga de polillas en Santiago, Chile.

Desde este sábado, Santiago literalmente está apolillado. Cuando la temperatura nocturna comenzó a sobrepasar los 14 grados, una gran cantidad de molestas polillas ha vuelto a invadir las casas y departamentos de los santiaguinos, atraídas por la luz y colándose por cualquier rendija abierta. Se trata de las grandes polillas nocturnas pertenecientes a la familia de los noctuidos, cuyo tamaño puede llegar a los 12 centímetros y medio, con las alas extendidas.

Aunque su presencia numerosa en esta época del año desagrade y asuste a algunas personas, no son dañinas para el ser humano, ni tampoco se comen la ropa o los alimentos de la cocina. “Todos los años ocurre el mismo ciclo. Esta es una generación de polillas que vivió en los pastos durante todo el invierno en estado larvario y en esta época empieza a volar para reproducirse. Viven muy corto tiempo, sólo para poner huevos. Duran dos o tres semanas, máximo. Van a desaparecer de Santiago antes de la tercera semana de noviembre”, asegura el entomólogo de la Universidad de Chile, Roberto González.

Los noctuidos ponen sus huevos y se alimentan de los pastos y alfalfas de las chacras ubicadas en la zona norte de la capital, como Lampa o Colina y, según afirma el entomólogo, son un problema para la agricultura, pero no para los hogares de la ciudad.

“Si se meten a una casa, es porque se equivocan. La luz es lo que más los atrae”, dice González.

Las comunas que sufren intensamente esta proliferación de insectos son las que tienen más áreas verdes públicas, jardines privados y también las aledañas al cerro San Cristóbal, como Providencia.

“Hoy recibimos el primer llamado de una vecina quejándose del exceso de polillas. Todos los años en esta fecha recibimos muchos reclamos de los vecinos, que nos piden fumigar. Pero no es algo factible, porque el período de estos insectos es muy efímero. Más nocivo para las personas sería contaminar el aire con productos químicos. Si hay mucha cantidad, es mejor cerrar las ventanas o poner una rejilla para evitar que entren”, afirma Manuel Alba, jefe del departamento de Ornato de Providencia.

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